FUNDAMENTOS

 

Los principios educativos nos inician en la reflexión de lo que entendemos por “educación”. Nuestro trabajo diario, como docentes y educadores, debe basarse en los aspectos fundamentales que nos aportan dichos principios, para conseguir que los alumnos y alumnas se acerquen a la comprensión crítica del mundo en el que viven. A partir de estos aprendizajes se irán incorporando a la sociedad como ciudadanos responsables y activos.

 

Podríamos decir que los principios educativos establecen las bases filosóficas e ideológicas sobre las que se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje, y estos procesos se concretan en el modelo didáctico que orienta la reflexión y el análisis que proporcionan dichos principios, basándose en todos los aspectos del proceso educativo: psicológicos, pedagógicos, sociales....

 

Nuestro modelo didáctico recoge tres perspectivas relacionadas entre sí y que entendemos engloban todas las aspiraciones expuestas en nuestros principios educativos:

 

 

Cada una de ellas tiene unas características específicas, no obstante, hay una estrecha relación entre sus ideas fundamentales.

 

Es evidente que vivimos en un mundo abierto y diverso, en el que el conocimiento evoluciona y está en continuo cambio. Es por ello que debemos abordar el ámbito educativo desde una visión más compleja, dejando de lado, las visiones reduccionistas y simplificadoras del conocimiento.

A partir de esta premisa, el campo educativo rebasa las paredes de la escuela, haciéndose extensible a otros contextos como el familiar y social. Todos ellos están interrelacionados y se complementan entre sí, formando un proceso dinámico en continua evolución.

 

Por lo tanto, nuestros métodos de enseñanza-aprendizaje se formulan y plantean desde este mismo enfoque: bajo una visión globalizada y no compartimentada del conocimiento. Nuestro modelo didáctico debe dar respuesta al ritmo vertiginoso de cambio al que está expuesta nuestra sociedad, por lo que debemos profundizar en las nuevas maneras de formular y resolver problemas. En los conocimientos y contenidos de las distintas disciplinas -considerados como una realidad multidimensional que tienen una organización compleja-, buscamos la complementariedad y la interrelación entre ellos.

 

Así, entendemos la resolución de problemas como un  medio para la construcción del conocimiento, y a partir del cual se van construyendo progresivamente modelos explicativos cada vez más complejos y potentes.

 

Esto significa que la perspectiva constructivista del conocimiento está íntimamente ligada con la sistémica y compleja de la realidad,  ya que ésta la conocemos a través de los modelos que construimos para explicarla, y que estos modelos siempre son susceptibles de ser mejorados o cambiados.

La idea fundamental del constructivismo es que los conocimientos surgen a partir de las construcciones llevadas a cabo por los propios individuos, de forma individual o colectiva. Es decir, el conocimiento no es el resultado de una mera copia de la realidad existente, sino de un proceso dinámico e interactivo en el que intervienen tanto  factores e influencias internas de las personas (creencias, intereses, ideologías, motivaciones...) como factores externos a ellas (otras experiencias, otros intereses, otras teorías personales...).

 

Por ello, entendemos que es necesaria una educación en la que los alumnos y alumnas se conozcan mejor a sí mismos y conozcan mejor la lógica de la sociedad en la que están inmersos, lo que les debe permitir la reflexión y la toma de decisiones. Nuestro cometido debe ser formar ciudadanos críticos y comprometidos con el esclarecimiento y gestión de los problemas más relevantes del mundo en el que viven. La educación crítica debe ir más allá de la transmisión de unos conocimientos concretos.

 

Hablamos pues de una educación integral, que relaciona las aportaciones científicas, los planteamientos ideológicos y las realidades cotidianas.

 

Así, desde la perspectiva crítica y transformadora del conocimiento, se recogen los principios orientados al desarrollo de la razón y el diálogo, a educar en la cooperación, a crear una escuela democrática con sustento de una educación en valores.

 

En nuestro modelo didáctico no caben los conocimientos aislados e independientes, sino más bien, la interacción entre ellos. El conocimiento se debe entender como una interpretación global del desarrollo humano y social, por lo que bajo estas perspectivas debemos formular las unidades didácticas integrando en ellas, los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales, y estableciendo entre ellos el mayor número de vínculos posibles.